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Cómo saber si tu perro siente dolor o está incómodo

Señales de malestar que no debemos ignorar
5 de septiembre de 2026 por
redacción de animel


Los perros no pueden decirnos con palabras que algo les duele, que tienen miedo o que una situación les resulta incómoda. Sin embargo, sí disponen de un amplio repertorio de señales corporales y cambios de comportamiento que pueden ayudarnos a detectar que algo no va bien.

Aprender a reconocer estas señales es una parte importante del cuidado y bienestar de nuestros perros. Saber interpretar cuándo un perro está incómodo, asustado, sobreestimulado o necesita espacio nos permite intervenir antes de que su malestar aumente.

La literatura científica y las guías veterinarias coinciden en algo fundamental: el comportamiento es una herramienta esencial para valorar el dolor y el bienestar de los perros. Por eso, conocer cómo se comporta normalmente nuestro perro es el primer paso para detectar cambios relevantes.

Señales que pueden indicar dolor físico

Los perros pueden modificar su postura, movimiento, expresión facial, actividad y comportamiento para reducir o evitar el dolor. De hecho, las guías de la American Animal Hospital Association (AAHA) señalan que incluso cambios sutiles, como estar más tranquilos de lo habitual o perder el apetito, pueden ser indicativos de dolor.

Cambios en la forma de moverse

Una de las señales más importantes es cualquier modificación respecto a la movilidad habitual.

Podemos observar:

  • Cojera o apoyo desigual de alguna extremidad.
  • Rigidez, especialmente después de descansar.
  • Dificultad para levantarse o tumbarse.
  • Menor disposición a subir escaleras o saltar.
  • Evitar determinadas posturas.
  • Caminar más despacio o cambiar la forma de andar.
  • Dificultad para realizar movimientos que antes hacía con normalidad.

En perros con dolor musculoesquelético, estos cambios pueden ser especialmente sutiles y progresivos. Por eso, muchas veces no se detectan hasta que el problema lleva tiempo presente.

Cambios en la postura

La postura también puede ofrecer información importante.

Un perro con dolor puede adoptar una posición más rígida, encorvada o diferente a la habitual. También puede cambiar repetidamente de postura porque no encuentra una posición cómoda.

En la evaluación veterinaria del dolor se tienen precisamente en cuenta aspectos como la postura, la actividad, el movimiento y el comportamiento general.

Menos ganas de hacer cosas que antes disfrutaba

Un cambio repentino en las ganas de pasear, jugar, relacionarse o realizar actividades habituales merece nuestra atención.

No significa necesariamente que exista dolor, pero una pérdida de interés por actividades que normalmente motivan al perro puede ser una señal de que algo ha cambiado.

En perros con dolor crónico, los cambios pueden ser todavía más difíciles de detectar porque se instauran progresivamente y pueden confundirse con "cosas de la edad".

Cambios en el apetito

Comer menos o rechazar la comida puede aparecer asociado al dolor, aunque también puede tener muchas otras causas.

Por eso, una disminución del apetito acompañada de otros cambios —como apatía, alteraciones de la postura, vómitos, diarrea o cambios en la movilidad— es especialmente importante.

Las guías de la AAHA incluyen la disminución del apetito entre los posibles signos sutiles que pueden acompañar al dolor.

Cambios en el sueño y el descanso

Un perro que tiene dificultades para encontrar una postura cómoda puede:

  • Levantarse y tumbarse repetidamente.
  • Cambiar mucho de posición.
  • Dormir menos.
  • Mostrar inquietud durante el descanso.
  • Buscar lugares diferentes para tumbarse.
  • Dormir más de lo habitual y mostrar menos interés por su entorno.

Lo importante no es una determinada cantidad de horas de sueño, sino el cambio respecto a su patrón habitual.

Vocalizaciones o cambios de comportamiento

Algunos perros pueden gemir, llorar o vocalizar cuando sienten dolor. Otros, sin embargo, pueden no emitir ningún sonido.

Por eso, que un perro no llore no significa que no tenga dolor.

También pueden aparecer cambios de carácter, menor interacción con las personas o incluso respuestas defensivas cuando alguien intenta tocar una zona dolorida.

Las herramientas veterinarias de valoración del dolor incluyen precisamente variables como la vocalización, la respuesta al contacto, el comportamiento, la postura y la movilidad.

Cambios en la expresión facial

La cara también puede aportar información.

En determinadas situaciones de dolor pueden observarse cambios como:

  • Ojos parcialmente cerrados.
  • Mirada diferente a la habitual.
  • Tensión de los músculos faciales.
  • Orejas mantenidas en una posición diferente.
  • Cambios en la posición de la cabeza.

La investigación sobre las denominadas escalas de expresión facial o "grimace scales" ha demostrado que las expresiones faciales pueden contribuir a la valoración del dolor en animales. No obstante, deben utilizarse como parte de una evaluación más amplia y no como un diagnóstico por sí mismas.

Señales de incomodidad, miedo o estrés

No todo malestar es físico. Los perros también pueden mostrarnos que una situación les resulta incómoda o que están experimentando miedo, inseguridad o estrés.

Entre las señales estudiadas científicamente encontramos el lamido de labios o nariz, los bostezos, el jadeo, la disminución de la postura corporal, el levantamiento de una pata, las sacudidas corporales, la vocalización y determinados cambios en la actividad.

Se lame los labios o la nariz repetidamente

Un rápido movimiento de la lengua sobre los labios o la nariz puede aparecer en situaciones de tensión o conflicto.

Es una señal especialmente interesante cuando aparece fuera de los momentos habituales en los que el perro se lame la boca, por ejemplo, cuando está comiendo.

Pero debemos evitar interpretarla de forma aislada: la investigación muestra que esta conducta puede aparecer en diferentes contextos y no siempre significa estrés.

Bosteza en situaciones que no tienen que ver con el sueño

Un bostezo ocasional es completamente normal.

Sin embargo, los bostezos repetidos durante una situación determinada pueden formar parte del repertorio de comportamientos asociados al estrés o al conflicto.

Por ejemplo, puede aparecer durante una interacción social que el perro encuentra incómoda o ante determinados estímulos.

Se sacude aunque no esté mojado

Una sacudida de cuerpo entero puede aparecer después de una situación intensa.

Durante mucho tiempo se ha considerado una posible señal de estrés o una forma de liberar tensión. Sin embargo, investigaciones recientes indican que la sacudida también puede funcionar como una conducta de transición entre diferentes actividades, por lo que no debemos asumir automáticamente que un perro está estresado cada vez que se sacude.

De nuevo, el contexto importa.

Se queda muy quieto o parece "congelarse"

El estrés no siempre produce movimiento.

Algunos perros responden ante una situación que les preocupa quedándose inmóviles, bajando el cuerpo o intentando pasar desapercibidos.

La respuesta al miedo puede incluir diferentes estrategias: quedarse quieto, intentar escapar o, si no puede hacerlo, responder defensivamente.

Por eso, un perro que permanece inmóvil no necesariamente está tranquilo.

Intenta alejarse o evitar una interacción

Apartar la cabeza, girarse, retroceder, esconderse o intentar abandonar una situación son comportamientos que debemos respetar.

Un perro que evita el contacto puede estar comunicando que necesita más distancia.

En estos casos, insistir en acariciarlo, sujetarlo o acercarnos más puede aumentar su malestar.

Adopta una postura corporal más baja

Un cuerpo agachado, una cola baja o recogida, las orejas hacia atrás y una postura corporal tensa pueden aparecer en situaciones de miedo o inseguridad.

Pero tampoco debemos convertir una determinada posición corporal en una regla universal. La morfología, el temperamento y la situación concreta influyen en la forma en que cada perro expresa sus emociones.

Jadea sin que haga calor o ejercicio

El jadeo puede tener muchas causas: temperatura, actividad física, excitación, dolor, miedo o estrés.

Por eso, si un perro comienza a jadear intensamente en una situación en la que no existe una explicación evidente, debemos observar qué está ocurriendo alrededor.

El jadeo aparece en diferentes estudios como uno de los comportamientos asociados a situaciones de estrés, aunque no es específico de este estado.

Una señal aislada no cuenta toda la historia

Este es probablemente uno de los aspectos más importantes cuando hablamos de lenguaje canino.

Un bostezo no significa necesariamente estrés. Una cola baja no significa necesariamente miedo. Un lamido de nariz no significa necesariamente incomodidad. Y un perro que permanece quieto no necesariamente está relajado.

La evidencia científica muestra que determinados comportamientos pueden aparecer tanto en situaciones negativas como positivas, y que existe una importante variabilidad entre individuos.

Por eso, en lugar de aprender una lista rígida de "señales de estrés", es mucho más útil aprender a observar:

¿Qué está ocurriendo?

¿Qué estaba haciendo el perro justo antes?

¿Cómo es su postura corporal completa?

¿Está intentando alejarse o acercarse?

¿Aparecen varias señales al mismo tiempo?

¿Es diferente de cómo se comporta normalmente?

Esta última pregunta es especialmente importante. Los profesionales veterinarios utilizan precisamente el comportamiento habitual del animal como referencia para detectar cambios relacionados con el dolor.

Cuando el dolor puede parecer un problema de comportamiento

Existe otro motivo por el que aprender a reconocer estas señales es tan importante: el dolor puede modificar el comportamiento de un perro.

Un perro que de repente se muestra irritable, evita determinadas manipulaciones, deja de querer jugar, se vuelve menos sociable o reacciona cuando alguien se aproxima puede estar manifestando un problema físico.

Esto no significa que todo cambio de comportamiento tenga como causa el dolor. Pero ante un cambio repentino o inexplicable, especialmente si se acompaña de alteraciones en el movimiento, el descanso, el apetito o la respuesta al contacto, conviene descartar primero una causa médica.

Las guías veterinarias recomiendan valorar conjuntamente la historia del animal, su comportamiento, postura, movimiento y respuesta a la interacción para evaluar el dolor.

¿Qué podemos hacer si detectamos estas señales?

Lo primero es escuchar al perro y reducir aquello que está provocando su malestar, siempre que sea posible.

Si muestra incomodidad durante una interacción, podemos aumentar la distancia o darle la posibilidad de alejarse.

Si aparece después de una actividad, podemos reducir la intensidad o proporcionarle un descanso.

Y si observamos cambios físicos o conductuales persistentes, debemos consultar con nuestro veterinario.

En el caso del dolor, no es recomendable intentar determinar por nuestra cuenta cuánto le duele al perro ni administrar medicamentos sin indicación veterinaria. Existen herramientas clínicas específicas para valorar el dolor, como la Glasgow Composite Measure Pain Scale, que tienen en cuenta diferentes dimensiones del comportamiento del animal.

También puede ser muy útil grabar vídeos cortos del perro caminando, levantándose, descansando o realizando una actividad en la que hayamos observado un cambio. Las guías de la AAHA señalan que las fotografías y vídeos pueden facilitar la comunicación entre la familia y el equipo veterinario.

Aprender a escuchar lo que nuestro perro nos está diciendo

El bienestar canino no consiste únicamente en proporcionar comida, ejercicio y cuidados veterinarios. También implica respetar la comunicación del perro y reconocer cuándo necesita que cambiemos algo de su entorno o de nuestra interacción con él.

Un perro que gira la cabeza, se aleja, se queda inmóvil o muestra varias señales de incomodidad no está "siendo malo" ni necesariamente necesita que le enseñemos a aguantar.

Está comunicando algo.

Y cuanto antes aprendamos a reconocer esas pequeñas señales, más fácil será prevenir que el malestar aumente y ofrecerle una respuesta adecuada.

Del mismo modo, detectar cambios sutiles en la movilidad, el descanso, el apetito o el comportamiento puede ayudarnos a identificar antes un posible problema físico.

Observar, conocer a nuestro perro y respetar lo que nos comunica también es una forma de cuidar de su bienestar.


Referencias

American Animal Hospital Association. (2022). AAHA Pain Management Guidelines for Dogs and Cats. DOI: 10.5326/JAAHA-MS-7292

Beerda, B. et al. (1997). Manifestations of chronic and acute stress in dogs. Applied Animal Behaviour Science, 52, 307–319. DOI: 10.1016/S0168-1591(96)01131-8

Beerda, B. et al. (1998). Behavioural, saliva cortisol and heart rate responses to different types of stimuli in dogs. Applied Animal Behaviour Science, 58, 365–381. DOI: 10.1016/S0168-1591(97)00145-7

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