Cuando dejamos a nuestro perro al cuidado de otra persona, no estamos contratando un servicio cualquiera. Estamos confiando a alguien un miembro de nuestra familia y, por tanto, es importante saber dónde va a permanecer, en qué condiciones y qué garantías ofrece el lugar que lo acoge.
En los últimos años han aumentado considerablemente los servicios de cuidado de perros, especialmente a través de Internet y de distintas plataformas y aplicaciones. Esta mayor oferta puede resultar cómoda para las familias, pero también hace más importante saber diferenciar entre un servicio profesional que cumple con los requisitos establecidos de sanidad y bienestar animal y una actividad de alojamiento de animales que se desarrolla sin las autorizaciones y garantías que le corresponden.
Desde ANIMEL, como guardería canina autorizada y registrada oficialmente como Residencia por la Comunidad de Madrid (n.º de registro ES280791000397), creemos que los tutores tienen derecho a conocer estas diferencias antes de decidir a quién confiar el cuidado de su perro.
Son seres vivos y miembros de nuestra familia, y merecen que su bienestar y su seguridad se protejan con la misma responsabilidad. Si exigimos que una escuela infantil esté debidamente autorizada antes de confiarle el cuidado de nuestros hijos, deberíamos exigir las mismas garantías antes de confiar nuestro perro a una guardería.
¿Qué es un núcleo zoológico?
Aunque el término pueda resultar extraño cuando hablamos de una guardería canina, el núcleo zoológico no es simplemente un certificado que se coloca en la pared.
En la Comunidad de Madrid existe un Registro de Centros de Animales de Compañía en el que deben inscribirse los centros incluidos dentro de las categorías establecidas por la normativa. La propia Comunidad de Madrid señala que los centros deben cumplir los requisitos correspondientes para su inscripción.
La Ley 4/2016, de 22 de julio, de Protección de los Animales de Compañía de la Comunidad de Madrid establece, además, requisitos específicos para los núcleos zoológicos de animales de compañía. Su finalidad última está directamente relacionada con la protección, el bienestar y la tenencia responsable de los animales.
Por eso, cuando buscamos una guardería para nuestro perro, comprobar que se trata de un establecimiento legalmente habilitado es una garantía que no deberíamos pasar por alto.
¿Por qué son importantes estos requisitos?
Abrir una guardería canina profesional implica mucho más que disponer de un espacio y tener experiencia o formación con perros.
Basta con hacer una búsqueda en aplicaciones y páginas web de cuidadores para comprobar la enorme cantidad de particulares que ofrecen servicios de guardería o alojamiento de perros en sus propios domicilios. Muchos cuentan con experiencia e incluso con formación como educadores o adiestradores caninos. Pero una formación profesional, por sí sola, no convierte un domicilio en una guardería autorizada.
Y aquí creemos que merece la pena hacerse una pregunta: ¿qué garantías ofrece el lugar en el que dejamos a nuestro perro?
No hablamos únicamente de saber cuidar o entender a un perro. Hablamos de que el espacio cumpla unas condiciones adecuadas de higiene y seguridad, de que existan protocolos profesionales de limpieza y desinfección, medidas de protección contra incendios y unas instalaciones preparadas y supervisadas para desarrollar esta actividad.
Pensemos en otro miembro de nuestra familia. ¿Dejaríamos a nuestro hijo en casa de una persona simplemente porque tiene formación como educadora, si hubiera decidido convertir su vivienda en una escuela infantil sin que nadie hubiera comprobado sus condiciones de higiene, seguridad o protección contra incendios?
Seguramente exigiríamos mucho más. Nuestros perros merecen exactamente las mismas garantías.
Detrás de un establecimiento autorizado existe un proceso administrativo y técnico destinado a comprobar que la actividad puede desarrollarse en unas condiciones determinadas.
Esto supone acreditar y mantener requisitos relacionados, entre otros aspectos, con las condiciones higiénico-sanitarias, las instalaciones, el bienestar de los animales, los registros y protocolos del centro y el cumplimiento de la normativa aplicable.
En la Comunidad de Madrid, la legislación establece requisitos específicos para los centros de animales de compañía y contempla su control e inspección constante por parte de las administraciones competentes.
No se trata, por tanto, de burocracia innecesaria. Se trata de establecer unos mínimos para desarrollar una actividad en la que se trabaja diariamente con seres vivos.
Una casa particular no es automáticamente una guardería canina autorizada
Este punto es especialmente importante.
Que una persona tenga experiencia con perros, buenas valoraciones en Internet o aparezca anunciada en una aplicación no significa por sí solo que el lugar donde se alojarán varios animales reúna los requisitos exigibles a un establecimiento profesional.
Las plataformas digitales pueden ser una herramienta para poner en contacto a propietarios y cuidadores, pero la presencia en una plataforma no sustituye las licencias, registros o autorizaciones que puedan resultar exigibles en función de cómo y dónde se desarrolla la actividad.
De hecho, la propia Comunidad de Madrid recuerda que incluso la tenencia de más de cinco animales de determinadas especies en un mismo domicilio requiere la correspondiente autorización municipal.
Por eso es importante que, antes de contratar un servicio, sepamos exactamente dónde estará nuestro perro y bajo qué condiciones se desarrolla la actividad.
¿Qué riesgos existen en una guardería que funciona sin autorización?
El problema no es solamente administrativo.
Cuando una actividad funciona al margen de los controles que le corresponden, el propietario del animal tiene menos garantías de que las instalaciones y los procedimientos hayan sido revisados conforme a los requisitos establecidos.
Aspectos tan importantes como la limpieza y desinfección, la prevención de enfermedades con la admisión de los perros según vacunación, el control de entrada de animales, las condiciones de las instalaciones, la ventilación, la gestión de residuos, los protocolos sanitarios o la actuación ante una emergencia no deberían quedar únicamente a criterio de quien presta el servicio.
También existe una cuestión de compatibilidad del espacio con la actividad que se desarrolla en él. No cualquier inmueble está necesariamente preparado o autorizado para albergar diariamente grupos de perros.
Y esto afecta tanto al bienestar animal como a la seguridad, la higiene y la convivencia con el entorno.
También es una cuestión de responsabilidad
Cumplir todos estos requisitos supone para las guarderías profesionales una inversión considerable de tiempo y recursos económicos.
Proyectos técnicos, adecuación de instalaciones, trámites administrativos, protocolos de limpieza y desinfección, documentación, seguros, profesionales especializados, inspecciones y cumplimiento continuado de las obligaciones sanitarias y de bienestar forman parte del coste real de prestar este servicio correctamente.
Por eso, cuando una actividad equivalente se desarrolla sin asumir las mismas obligaciones, no solo se reducen las garantías para los animales y sus familias: también se genera una situación de competencia desigual frente a quienes han realizado la inversión necesaria para trabajar conforme a la normativa.
Detrás de determinadas diferencias de precio puede haber, sencillamente, diferencias importantes en las condiciones en las que se presta el servicio.
¿Qué deberías preguntar antes de elegir una guardería?
Antes de dejar a tu perro, merece la pena hacer algunas preguntas sencillas:
- ¿El establecimiento está autorizado y registrado para desarrollar esta actividad?
- ¿Puedo visitar las instalaciones antes de dejar a mi perro?
- ¿Existe un protocolo de admisión de animales?
- ¿Se solicita documentación sanitaria y vacunación?
- ¿Existe un registro de entrada y salida de los perros?
- ¿Cómo se realizan la limpieza y la desinfección?
- ¿Cuántos perros permanecen juntos?
- ¿Cómo se forman los grupos?
- ¿Qué ocurre si un perro enferma o tiene un accidente?
- ¿Existe un protocolo para emergencias?
- ¿Quién estará al cuidado de mi perro y qué formación tiene?
- ¿Cuenta el establecimiento con un seguro adecuado?
- ¿Cuenta el establecimiento con veterinario colaborador?
Una guardería profesional debería poder responder a estas preguntas con transparencia.
Las buenas valoraciones no sustituyen los controles
Las reseñas pueden ayudarnos muchísimo a elegir un servicio y conocer la experiencia de otras familias. Pero una puntuación de cinco estrellas no puede comprobar si unas instalaciones cumplen los requisitos sanitarios, administrativos o técnicos correspondientes.
Tampoco una fotografía bonita en una aplicación nos permite saber qué ocurre cuando varios perros conviven durante horas en ese espacio.
En ANIMEL creemos que hacer las cosas bien importa
Crear ANIMEL ha supuesto mucho más que abrir las puertas de un local y empezar a recibir perros.
Nuestra guardería ha pasado por un proceso de adecuación del espacio con una reforma integral, preparación de documentación, elaboración de protocolos y supervisión por los organismos correspondientes para poder desarrollar nuestra actividad con las garantías necesarias.
Y aunque cumplir con todos estos requisitos exige tiempo, esfuerzo e inversión económica, creemos que tiene sentido que así sea cuando se trata del bienestar y la seguridad de los animales.
Nuestra guardería canina está inscrita en el Registro de Centros de Animales de Compañía de la Comunidad de Madrid con el número ES280791000397 y cuenta con la clasificación oficial de Residencia.
Porque cuando una familia nos entrega a su perro, nuestra responsabilidad no empieza cuando entra por la puerta y termina cuando viene a recogerlo. Empieza mucho antes: en la forma en la que hemos diseñado el espacio, en nuestros protocolos, en la higiene, en la prevención y en nuestra manera de entender el bienestar animal.
Antes de dejar a tu perro, pregunta
Nuestro consejo es sencillo: independientemente de la guardería que elijas, infórmate, visita las instalaciones y pregunta por sus autorizaciones.
No tengas reparo en hacerlo.
Una guardería que trabaja correctamente no debería tener ningún problema en explicarte cómo funciona, enseñarte sus instalaciones y responder a tus dudas.
Porque elegir dónde dejar a nuestro perro no debería depender únicamente del precio, de la cercanía o de las estrellas de una aplicación.
La tranquilidad también está en saber que detrás del servicio existen unas instalaciones adecuadas, unos protocolos, unos profesionales y unas garantías.
Tu perro no puede comprobarlo.
Tú sí.